Mostrando las entradas con la etiqueta astronomia. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta astronomia. Mostrar todas las entradas

viernes, 18 de julio de 2014

Un viaje cósmico: el universo en imágenes

“¿Quiénes somos? Nos hemos dado cuenta de que vivimos en un planeta insignificante que orbita en torno a una estrella del montón perdida en una galaxia remota de algún rincón olvidado de un universo en donde hay muchas más galaxias que personas” (Carl Sagan)

Nuestra galaxia, cuya espiral sólo podemos ver horizontalmente desde uno de sus extremos (donde está situado nuestro planeta) fotografiada desde la cima de una montaña.
La astronomía es el arte de terminar sintiéndose diminuto. Pensar en la magnitud del universo que nos rodea es un ejercicio de perspectiva y de humildad. En nuestro ajetreado día a día pocas personas suelen detenerse para contemplar los cielos, o para pensar en ellos siquiera. Pero hagamos un pequeño experimento: imaginemos una nave con la que pudiésemos abandonar la Tierra y viajar a cualquier parte del universo sin preocuparnos por los límites de velocidad, para contemplar de cerca a algunos de esos colosos que en nuestras noches terrícolas parecen débiles e inofensivos parpadeos de fría luz. Esto es lo que la fotografía astronómica hace por nosotros: nos permite volar a rincones imposibles del cosmos —donde, de viajar realmente, seríamos instantáneamente reducidos a cenizas, o aplastados por gravedades inmensas, o consumidos por radiaciones devastadoras, o instantáneamente transformados en un quebradizo bloque de hielo— para que podamos observar de cerca las maravillas del espacio.
Hacemos despegar nuestra nave y viajamos en primer lugar hacia el sol, la estrella que proporciona energía a los seres vivos de nuestro planeta y que es literalmente el centro de nuestra existencia. Vivimos, dormimos y planeamos toda nuestra actividad en torno a sus designios. Cuando ilumina nuestras mañanas y nos acaricia con su cálido aliento pensamos que es como un padre benigno, pero la realidad es bien distinta: sólo tenemos que recordar aquella vez en que la radiación de ese mismo sol nos quemó la piel en la playa. Es cierto que vivimos gracias al sol, sí, pero también sobrevivimos a pesar de él, resguardados por la atmósfera y el campo magnético terrestres, los cuales ejercen de escudo protector contra la aterradora furia solar. Estar expuestos a una estrella es como vivir frente una explosión nuclear constante, que nos bombardea con toda clase de emisiones virulentas. Aunque el sol se nos antoja cercano en comparación con las mareantes distancias a las que están otras estrellas, y porque podemos verlo a simple vista como una esfera y no como un simple punto de luz, en realidad está muy, muy lejos de la Tierra. Un rayo de luz que sobre nuestro planeta parece moverse instantáneamente de un lugar a otro y que atraviesa continentes enteros en milésimas de segundo, tarda nada menos que ocho minutos en llegar desde el sol a la tierra. La distancia que nos separa de nuestra estrella local es —afortunadamente— enorme. Si nuestro planeta estuviese más cerca, seríamos instantáneamente cocidos en la cocina estelar del sol.
Pero, ¿qué veríamos si estuviésemos mucho más cerca del sol? Esta maravillosa imagen, un primer plano de la superficie solar, en la que por descontado está disminuida la luminosidad total, nos da una idea de lo que realmente es nuestro sol: un apocalíptico infierno, un violento océano en llamas cuyo interior late con el brillo de millones de bombas atómicas explotando sin cesar. Es tan grande que todo el planeta Tierra caería en él sin causar mayor trastorno que una diminuta bola de ruleta cayendo en una piscina de lava. Así, contemplando de cerca el Averno de su superficie, se explica que un astro tan lejano sea capaz de quemarnos la piel o cegar nuestros ojos desde una distancia tan grande, porque su poder es simple y llanamente inmenso:
Una vez hemos visitado nuestra estrella —la que nos da vida y también la que en cualquier momento podría matarnos con una simple tos de fuego— volamos hacia los límites del sistema solar y más allá. En los receptores de nuestra nave, las emisiones radiofónicas procedentes de la Tierra comienzan a hacerse algo más débiles. Conforme nos alejamos hacia las profundidades del espacio, el sol va menguando hasta parecer una estrella más en el mosaico celeste. En la nueva etapa de nuestro viaje, visitamos la estrella más cercana a nuestro sol, situada a unos cuatro años luz, que es además la tercera estrella más brillante del cielo nocturno a simple vista. Alfa Centauri, también conocida con el bello nombre de Rigil Kent, es extremadamente parecida al sol en tamaño y color; su brillo nos hace sentirnos como en casa. Pero al contrario que el sol —hijo único—, Alfa Centauri tiene una hermana, Alfa Centauri B. Es una estrella doble: dos soles gemelos que orbitan juntos. Y aún tiene una compañera más, la pequeña Próxima Centauri, que orbita cerca de las otras dos como una tercera hermana desterrada. Si hay planetas en torno a esas estrellas y alguien levanta la vista al cielo, podrá ver el amanecer de tres brillantes soles cada mañana:
Movidos por la curiosidad nos ponemos de nuevo en marcha para continuar nuestro viaje: volamos hasta las inmediaciones de la estrella Sirio, otra estrella vecina, situada a unos 8’5 años luz, el doble de distancia que Alfa Centauri. Queremos verla de cerca porque, cuando estamos de pie mirando el firmamento con nuestros propios ojos, Sirio es —después del sol—la estrella más brillante que podemos ver desde la Tierra. Comprobamos que Sirio no es amarillenta como el sol, sino completamente blanca, y que orbita junto a una diminuta compañera, Sirio B, una estrella enana que —pese a no ser más grande que el propio planeta Tierra— contiene tanta masa como una estrella normal. Cuando volamos en torno a Sirio descubrimos con asombro que es una estrella enorme, tiene prácticamente el doble de tamaño que nuestro sol:
Pero luego viajamos hacia Arturo, que a simple vista es otra de las estrellas más brillantes de nuestro cielo nocturno (es la cuarta más brillante, después de Sirio, Canopus y nuestra doble vecina Alfa Centauri). Es, si no una vecina del sol, sí una habitante del vecindario contiguo: está situada a unos 37 años luz, lo cual sigue siendo relativamente cercano en términos cósmicos. Al visitarla, el asombro crece porque esta inmensa bola de gas ardiendo en una aterradora fusión nuclear es incluso bastante más grande que Sirio, la cual es como una pequeña pelota de tenis junto a la enorme pelota de playa de Arturo. Empezamos a hablar ya de estrellas de una magnitud inconcebible: todo el planeta Tierra es, literalmente, como una imperceptible mota de polvo junto al gigante arturiano:
Pero por si todavía no nos ha entrado el vértigo ante las monstruosas magnitudes de estos astros, que hacen que nuestro sistema solar parezca un pequeño juguete insignificante, aceleramos nuestra nave para cubrir una distancia bastante mayor: 520 años luz. Nos acercamos a otra de las estrellas más brillantes del firmamento nocturno: la gigante roja Betelgeuse. Decíamos que Sirio es como una pelota de tenis junto al enorme balón de playa de Arturo… pues Betelgeuse hace que Arturo parezca una diminuta cerilla en comparación con el incendio de una vivienda. Nuestro sol ni siquiera sería apreciable en comparación y probablemente sería rápidamente absorbido por el coloso. De hecho, Betelgeuse es una de las estrellas más grandes de las que tengamos noticia:
Pero la roja hinchazón de Betelgeuse es el preludio de una muerte inminente. Los astrónomos creen que un buen día estallará como una supernova, algo que naturalmente no sólo será visible desde la Tierra, sino que durante un corto periodo de tiempo probablemente ilumine nuestras noches y prácticamente haga que vivamos veinticuatro horas de luz ininterrumpida. La traumática desaparición de Betelgeuse está muy, muy próxima, al menos en términos temporales astronómicos. Se calcula unos cien mil años como plazo probable para su explosión, pero dicho estallido podría suceder mucho antes. Betelgeuse es ya oficialmente una estrella agonizante. IPodría ocurrir que un buen día, tras el atardecer, notemos que no se hace de noche, y que ha surgido una brillantísima estrella, casi un mini-sol, en mitad del firmamento nocturno, que durante algún tiempo ya no será tan nocturno. Será es estallido mortal de Betelgeuse, una brillante luminaria que empezará a menguar cuando la explosión se diluya en una nebulosa de restos incandescentes, la cual podremos seguir viendo a simple vista en el firmamento, aunque la noche habrá vuelto a ser noche. La muerte de Betelgeuse cambiará por completo la fisonomía de Orión, una de las constelaciones más bellas y notables del cielo nocturno. Betelgeuse es la roja empuñadura de la espada del guerrero Orión, pero dentro de no mucho desaparecerá para siempre. Disfrutemos de la constelación mientras la roja Betelgeuse, el “rubí de Orión”, aún está en su sitio:
Comparando Betelgeuse con la ya colosal Arturo nos habíamos hecho una idea de su asombrosamente ciclópea envergadura. Pero, aunque parezca mentira, aún conocemos estrellas bastante más grandes que Betelgeuse, aunque algunas de ellas están tan lejos de nosotros que no destacan en el firmamento nocturno y sólo son visibles como pequeñas estrellitas de segunda o tercera fila. Por ello ni siquiera tienen un nombre propio, y nos referimos a ellas sólo con el código alfabético que se otorga a las estrellas aparentemente “menores”, algo así como la matrícula de un vehículo. Tendremos que prepararnos para un viaje mucho más largo: más de 5.000 años luz para visitar VY Canis Majoris, (o sea la estrella VY de la constelación del Can Mayor). No es una estrella en la que repararíamos a simple vista, perdida entre decenas de otras luminarias en esa misma región del cielo, entre ellas Sirio, que al estar tan cerca nos parece muchísimo más brillante. Sin embargo VY Canis Majoris no sólo es una supergigante roja, sino que es de hecho la estrella más masiva de la que tenemos noticia —entre dos y cuatro veces más grande que la gigante Betelgeuse—y una de las estrellas que producen una mayor cantidad total de luz, aunque en la lejanía apenas nos llegue un pálido parpadeo. Si VY Canis Majoris estuviese situada en el centro de nuestro sistema solar, no  podríamos verla desde la Tierra… ¡porque la Tierra estaría dentro de la propia estrella! Es tan absurdamente enorme que durante un tiempo se creyó que ponía en tela de juicio todas las teorías establecidas sobre la formación de las estrellas y que obligaría a reconsiderar varios principios fundamentales de la astrofísica. Finalmente se redujo la estimación de su diámetro gracias a mediciones más fiables, pero aun así, su tamaño es tan aterradoramente descomunal que la única manera de hacernos una idea es representándola con un gráfico junto a nuestro sol, el cual sería apenas un irrisorio mosquito junto al horizonte de VY Canis Majoris. Sí, en esta ilustración, ese diminuto puntito blanco es el sol:
…la Tierra entera ni siquiera merecería un único pixel. La imagen real de VY Canis Majoris al telescopio no es, sin embargo, la de una esfera limpia. Fotografiada a una enorme distancia, la supergigante está rodeada por una nebulosa, formada por materia que la estrella ha ido expeliendo en lo que son las fases finales de su vida: lentamente, VY Canis Majoris se está deshaciendo en los estertores a su muerte. Al igual que Betelgeuse, también terminará estallando en épocas próximas. Cuando esto ocurra se producirá una “hipernova”, una explosión con la energía de un centenar de supernovas normales: la cosa más refulgente, devastadora y terrible que podemos concebir en el universo. Afortunadamente, VY Canis Majoris está situada en regiones  remotas del espacio. De haber estado más cerca de nuestro sistema solar, la radiación procedente de la hipernova podría haber barrido el planeta Tierra con consecuencias catastróficas y la humanidad hubiese desaparecido junto con la estrella. En la imagen, la hipergigante VY Canis Majoris, la estrella más grande conocida, rodeada de las nubes de materia que está expulsando en su agonía (aunque, hablando con propiedad, lo que vemos es lo que sucedió hace cinco mil años… el tiempo que ha tardado la imagen en llegar hasta nosotros. Quién sabe, VY Canis Majoris podría haber explotado ya y nosotros no lo habríamos visto todavía):
La explosión de una estrella es el fenómeno más luminoso del universo. En épocas pasadas llegó a poder verse alguna muerte estelar a simple vista, cuando de repente aparecía en el cielo nocturno una brillante estrella nueva (una “nova”) cuya aparición los antiguos astrónomos no podían explicar. Estas novas, visibles en el cielo durante días, semanas o meses, volvían a desaparecer progresivamente, dejando a los observadores intrigados sobre su naturaleza. Por lo general, sin embargo, las novas y supernovas ocurren tan lejos que no podemos verlas a simple vista y sólo son detectables a través de los telescopios. Se tiene noticia de bastantes novas y supernovas cada año, pero sólo algunas están a una distancia que permita obtener imágenes espectaculares. Por ejemplo, en 1987 una supernova estalló causando un espectacular anillo de restos incandescentes que pudo ser bien fotografiado por los astrónomos. Esto es lo que vemos justo después de la repentina explosión de una gran estrella. Si había algún planeta habitado orbitando en torno a ella, sólo cabría compadecernos de sus moradores:
Con el paso del tiempo, ya pasada la explosión inicial, los restos de las novas y supernovas forman lo que se llama una “nebulosa planetaria”, llamada así porque en los telescopios primitivos su diminuta imagen se parecía a la imagen también borrosa de los planetas. Pero la óptica moderna nos ha permitido descubrir que una nube de restos incandescentes procedentes de una nova es casi siempre un fenómeno de inconmensurable belleza. Como esta medusa espacial, una burbuja que flota plácidamente en la inmensidad del espacio y que no es sino el espíritu errante de una estrella difunta:
O la espectacular Nebulosa del Cangrejo, en la que podemos apreciar claramente cómo la materia y energía antaño concentradas en una estrella se han diseminado por toda una enorme región del espacio, tras el mortal estallido. Una gigantesca nube de despojos incandescentes que todavía brillan con intensidad:
Aunque no todas las estrellas mueren con una gran explosión. Decíamos que las estrellas, en su vejez, suelen expulsar parte de su materia al exterior. Algunas sencillamente expulsan casi todo su contenido y al final no explotan sino que quedan reducidas a estrellas enanas rodeadas de sus propios despojos. Tenemos ejemplos célebres de estas muertes lentas como la Nebulosa Anular de Vega, en la que un aro de materia desprendida de una estrella es todavía iluminada por lo que queda de dicha estrella, que permanece en el centro del anillo reducida a la triste existencia de una enana blanca. La “Nebulosa del Anillo” es visible a simple vista en el cielo nocturno, aunque se necesita un telescopio medianamente decente para empezar a distinguir su verdadera naturaleza:
Naturalmente, los telescopios modernos nos ofrecen una perspectiva más cercana y espectacular de dicha nebulosa, donde vemos ya con claridad la enana blanca en su centro que está iluminando el aro de materia desprendida. La estrella ha reducido demasiado su tamaño como para llegar a explotar algún día, así que la Nebulosa del Anillo permanecerá durante mucho tiempo con nosotros:
Una nebulosa en forma de anillo puede parecer la consecuencia simple y lógica de una estrella que está expulsando su propia sangre al espacio, pero existen ejemplos bastante más barrocos y fascinantes. Pongamos en marcha nuestra nave para acercarnos a la nebulosa Ojo de Gato, otra estrella que ha ido soltando materia a su alrededor hasta formar una intrincadísima forma que puede parecer el producto de un laboratorio de efectos cinematográficos, pero que no, es completamente real:
Y aún otro ejemplo tanto o más inquietante de estrella moribunda que desprende materia en torno a sí hasta formar un intrincado mosaico de luces y sombras, es la Nebulosa del Esquimal. También parece el producto de la imaginación de un técnico cinematográfico, pero existe realmente y es claramente visible la estrella central que ha provocado la aparición de esta especie de catedral celeste:
Sin darnos cuenta, explorando estrella tras estrella con nuestra nave, nos hemos ido alejando de la Tierra e incluso nuestra radio ha quedado en silencio. Ya no nos llegan señales de nuestro mundo: las emisiones que la humanidad está produciendo en pleno siglo XXI tardarán miles de años en llegar a donde está ahora la astronave; para entonces nadie recordará que una vez partimos hacia el espacio y la civilización de la que procedemos quizá habrá evolucionado —para bien o para mal—hasta ser tan distinta que no podríamos llegar a reconocerla, ni a entender sus costumbres o su idioma.
En la silenciosa soledad del espacio, descubrimos que el universo es algo que nada tiene que ver con los afanes y andanzas de los hombres. Gigantes esferas de fuego que rugen despidiendo terroríficas oleadas de luz y calor; planetas gaseosos gigantescos como dioses, nebulosas de polvo tan extensas que ninguno de nuestros cohetes podría recorrerlas de una punta a otra en varias vidas; descomunales océanos de aparente vacío donde el toparse por casualidad con un asteroide mediano o con cualquier otro objeto digno de consideración sería más improbable que acertar doscientas veces seguidas la combinación de números de la lotería. Ahí fuera todo es de tal tamaño; todo arde con tanta furia o está tan frío, rígido y silencioso; todo brilla con tanta intensidad o está tan oscuro, que de repente las pequeñas aventuras de los humanos parecen insignificantes: ¿quién se ha detenido alguna vez a pensar en lo que siente una ameba, un ácaro o una bacteria del moho del pan? En ese instante, alejados de la Tierra y flotando en algún lugar del espacio donde ya no podemos reconocer las constelaciones, se nos antoja que la raza humana es como la bacteria del moho que ha salido sobre una insignificante esfera de hierro, llamada Tierra, la cual gira en torno a una estrella que ni siquiera es especialmente destacable.
Y sin embargo no somos tan insignificantes, porque por enorme y ajeno a nosotros que nos parezca el universo, formamos parte de todo ello. No lo contemplamos desde fuera ni somos convidados de piedra al espectáculo cósmico. Nuestra carne y nuestra sangre están hechas de materia que un día formó una de esas coloristas nebulosas; somos una más de las creaciones en el inacabable universo conocido, de hecho somos uno de sus más complicados productos. Sí, apenas pasamos de ser un punto inapreciable en el total del espacio y un parpadeo efímero en el total del tiempo, pero no sólo estamos hechos de los mismos átomos que componen las maravillas que vemos a través de los telescopios, sino que —en cierto modo—podemos abarcar todo ello en nuestra mente, la cual, que sepamos por ahora, es más compleja, misteriosa e inabarcable que cualquiera de esas inexplicablemente extensas galaxias que pueblan la inmensidad del cosmos.
Aparcamos nuestra nave por el momento. Próximamente seguiremos viajando para contemplar más imágenes del cosmos, las que están más cerca (si es que puede usarse la palabra “cerca” cuando hablamos del espacio sideral) y las que están más lejos, y maravillarnos no sólo de su belleza, sino del hecho mismo de que seamos una parte importante de ellas. Aunque nadie ahí fuera haya oído nunca hablar de nosotros.

jueves, 17 de julio de 2014

¡Pregunta del día!

Vía Láctea: Vista lateral 
http://chandra.si.edu/resources/illustrations/milkyWay.html 
Ilustración esquemática de la galaxia de la Vía Láctea, que muestra los brazos espirales prominentes, el bulbo galáctico central, la ubicación del Sol, y las fuentes de rayos X seleccionados. 
(Crédito: NASA / CXC / M.Weiss)

Apollo 11


"Creo que esta nación debe comprometerse a alcanzar la meta, antes de que termine esta década, de poner un hombre en la luna y regresar sano y salvo a la Tierra." -El presidente John F. Kennedy, 25 de mayo 1961 

El 16 de julio de 1969, los astronautas de la NASA Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins lanzados desde el Centro Espacial Kennedy para una misión innovadora que cumpliría los deseos del Presidente:. Apollo 11 Hace cuarenta y cinco años en la actualidad, su cohete Saturno V despegó de Lanzamiento 39A Complejo a las 9:32 am hora del este, con cientos de miles de espectadores que miran. Después de hacer las órbitas y media alrededor de la Tierra, la tripulación del Apolo 11 se dirigiría a la Luna y, finalmente, aterrizar allí cuatro días más tarde con las famosas palabras: "Esto es un pequeño paso para un hombre, pero un salto gigantesco para la humanidad." 

El objetivo principal de Apolo 11 era completar un objetivo nacional fijado por el presidente John F. Kennedy el 25 de mayo de 1961: realizar un alunizaje viaje tripulado hasta la luna y regresar a la Tierra. 

Los objetivos adicionales de vuelo incluyen la exploración científica por el módulo lunar, o LM, equipo; el despliegue de una cámara de televisión para transmitir señales a la Tierra; y el despliegue de un experimento de la composición del viento solar, paquete del experimento sísmico y una Retroreflector Ranging Laser. Durante la exploración, los dos astronautas debían recoger muestras de los materiales de la superficie lunar para el regreso a la Tierra. También fueron a fotografiar extensivamente el terreno lunar, el equipo científico desplegado, la nave espacial LM, y unos a otros, tanto con cámaras fotográficas y cinematográficas. Este iba a ser la última misión Apolo para volar una trayectoria "sin retorno", que permitiría, si fuera necesario, una lista de aborto de la misión cuando el comando combinado y el módulo de servicio/módulo lunar, o CSM/LM, preparados para la inserción en órbita lunar. La trayectoria se produciría por el disparo de la subsistema de propulsión servicio, o MSF, para poner al motor de una manera que sólo circule detrás de la luna y emerger en una trayectoria de retorno trans-Tierra.

miércoles, 16 de julio de 2014

La Luna eclipsa Saturno


¿Qué pasó con la mitad de Saturno? Pues que la Luna se interpuso en su camino. Como se ve a la derecha de la imagen, Saturno se encuentra parcialmente eclipsado por el borde oscuro de la Luna parcialmente iluminada por el sol. Este año las órbitas de la Luna y de Saturno han dado lugar a un número inusualmente alto de alineaciones del gigante anillado detrás del satélite más grande de la Tierra. La imagen, captada desde Buenos Aires (Argentina), muestra una fotogénica yuxtaposición de este tipo, llamada técnicamente ocultación, que se produjo a principios de la semana pasada. Durante 2014 se producirán cuatro eclipses más de Saturno por la Luna que se podrán observar a simple vista pero mejor con prismáticos. El próximo será el 4 de agosto y se verá desde Australia ; el siguiente se producirá el 31 de agosto y se verá de noche desde África occidental y de día desde gran parte del este de Norteamérica.

Copyright: Carlos Di Nallo

martes, 15 de julio de 2014

Capacidad de moléculas de agua en la nebulosa Helix


Fecha: 17 de junio 2014 
Satélite: Herschel y del Telescopio Espacial Hubble 
Representa: Nebulosa de la Hélice 
Copyright: Ver información de crédito al final del texto

Esta imagen presenta la Nebulosa Helix primero en longitudes de onda ópticas, como se ve por el telescopio espacial Hubble, y luego por instrumento SPIRE de Herschel en las longitudes de onda alrededor de 250 micrómetros. Un espectro se muestra para la región identificada en la imagen, que muestra la clara firma de CO y OH+ emisiones en las regiones externas clumpy de la nebulosa planetaria. 

Se necesita el ion molecular, OH+, para la formación de agua, y el observatorio espacial Herschel de la ESA es el primero en detectar en las nebulosas planetarias - el producto de morir estrellas similares al Sol.

Créditos: imagen de Hubble: NASA / ESA / C.R. O'Dell (Universidad de Vanderbilt), M. Meixner & P. McCullough 
(STScI); Datos de Herschel: ESA / Herschel / SPIRE / MESS Consorcio / M. Etxaluze et al.

45 años después de Apolo, el siguiente gran paso de la NASA

Imagen del concepto del artista de la huella de una bota en la Luna y en Marte. 
Crédito de la imagen: NASA

lunes, 14 de julio de 2014

El Resurgir de Venus Express

14.07.14.- Tras pasar un mes entrando y saliendo de la atmósfera de Venus, descendiendo hasta apenas 130 kilómetros sobre la superficie del planeta, la sonda Venus Express de la ESA acaba de comenzar una escalada de 15 días para regresar a los 460 kilómetros de altitud.

Desde su llegada a Venus en el año 2006 la sonda europea ha estado realizando observaciones científicas desde una órbita elíptica con un periodo de 24 horas, que la llevaba desde una altitud de 66.000 kilómetros sobre el polo sur – obteniendo una magnífica vista de todo el planeta – hasta unos 250 kilómetros sobre el polo norte, apenas rozando el límite superior de la atmósfera venusiana. 

Tras ocho años de misión y con poco combustible en sus tanques, la última tarea de Venus Express consistió en una atrevida campaña de aerofrenado durante la que en cada órbita penetraba un poco más en la atmósfera del planeta. 

Las operaciones científicas rutinarias de la misión concluyeron el pasado 15 de mayo, y a partir de ese momento se permitió que la órbita del satélite fuese decayendo lentamente de forma natural, bajo el efecto de la gravedad de Venus, para permanecer un mes ‘surfeando’ entre 131 y 135 kilómetros sobre la superficie del planeta.

A finales de la semana pasada se ayudó de una serie de cortos encendidos de sus motores para descender todavía más, alcanzando una cota de apenas 129.1 kilómetros. 

“Hemos explorado una región desconocida, penetrando más que nunca en la atmósfera de Venus”, explica Håkan Svedhem, científico del proyecto Venus Express para la ESA. 

“Esta experiencia nos ha permitido determinar los efectos de la resistencia atmosférica sobre el satélite, y estudiar cómo varía la densidad de la atmósfera a pequeña y a gran escala”. 

De hecho, la resistencia ejercida por una mayor densidad atmosférica en las cotas más bajas redujo el periodo orbital del satélite en más de una hora. 

Venus Express durante la maniobra de aerofrenado. Image Credit: ESA

Las fluctuaciones de la densidad atmosférica a lo largo de la trayectoria de Venus Express provocaron pequeños cambios en la aceleración del satélite que se pudieron registrar desde tierra, poniendo de manifiesto la diferencia entre la cara iluminada y la cara nocturna del planeta.

Las fuerzas experimentadas por el satélite indican una diferencia de tres órdenes de magnitud entre la densidad atmosférica a los 165 km y a los 130 kilómetros de altitud, lo que supuso un esfuerzo considerable para la estructura de la sonda.

El equipo de Venus Express monitorizó el rápido calentamiento que experimentaba el satélite cada vez que pasaba rozando las capas superiores de la atmósfera a una velocidad de 36.000 kilómetros por hora.

“Durante varios de los pases, de unos 100 segundos de duración, los sensores de temperatura de los paneles solares mostraban un incremento de más de 100°C”, explica Adam Williams, responsable de las operaciones del satélite Venus Express para la ESA.

“El análisis de la respuesta de Venus Express a un calentamiento tan brusco será muy útil para diseñar los sistemas y los subsistemas de futuros satélites”.

Ahora el satélite comenzará una serie de 15 maniobras para elevar la parte más baja de su órbita hasta los 460 kilómetros. Esta fase comenzó el pasado fin de semana y debería concluir antes del 26 de julio.

En cuanto Venus Express alcance su nueva configuración orbital se le dejará decaer de nuevo de forma natural, hasta que se hunda en la atmósfera en diciembre, poniendo fin a su misión.

No obstante, puede que se le acabe el combustible antes de completar todas las maniobras necesarias para elevar su órbita.

Si esto ocurriese, ya no sería posible comunicarse con el satélite y su órbita empezaría a decaer inmediatamente.


“Hemos adquirido una experiencia muy valiosa controlando a un satélite en estas condiciones tan exigentes, lo que será de gran utilidad para futuras misiones. En cuanto hayamos terminado de elevar la órbita de Venus Express comenzaremos a procesar y analizar los datos científicos recogidos en la atmósfera de Venus”, concluye Patrick Martin, responsable de la misión Venus Express para la ESA.

¡Hasta Pronto Lutetia!

09.07.14.- Esta fantasmagórica imagen muestra una impresionante sección de uno de los grandes asteroides del cinturón principal, Lutetia, visto desde la sonda Rosetta de la ESA cuando pasó cerca de él en su viaje de 10 años hacia el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko.

Esta semana (el día 10 de julio) se cumplirán cuatro años del encuentro de Rosetta con esta antigua roca. La sonda europea tomó cientos de fotografías de alta resolución de Lutetia con su instrumento OSIRIS (Optical, Spectroscopic and Infrared Remote Imaging System), obtuvo valiosos espectros de emisión y confeccionó un mapa de la temperatura superficial del asteroide. 

Una última vista del asteroide Lutetia tras el encuentro con Rosetta en julio de 2010. Image Credit: ESA

Esta imagen en concreto se tomó cuando Rosetta ya había superado el punto de máxima aproximación, a apenas 3170 kilómetros de la superficie del asteroide, y ya se estaba empezando a alejar de Lutetia.

Gracias a esta maniobra los astrónomos han podido estudiar a Lutetia, analizando la amplia variedad de cráteres y formaciones geológicas que marcan su superficie y determinando su masa y su volumen – y por lo tanto su densidad y su composición. Los resultados demuestran que Lutetia es un objeto primitivo, formado hace unos 4.000 millones de años durante las primeras fases de la evolución de nuestro Sistema Solar.


En su largo viaje, Rosetta también visitó al asteroide Steins en 2008.  La sonda Rosetta de la ESA se lanzó en el año 2004 y, tras una década de viaje, se encontrará finalmente con su objetivo en agosto. Cuando se reúna con el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko estudiará su superficie y el polvo y los gases que desprende con un nivel de detalle sin precedentes. La misión posará un módulo de aterrizaje sobre la superficie del cometa y lo acompañará en su viaje alrededor del Sol durante un año para estudiar su evolución.

Un Objetivo Brutal: Atrapar Basura Espacial con un Arpón

26.06.14.- Ante la necesidad de capturar los satélites en desuso que vagan por las órbitas más importantes, la ESA está considerando volver a utilizar una tecnología primitiva: el arpón.

El arpón se utiliza desde la Edad de Piedra, para pescar pequeños peces o para matar ballenas, y ahora se está estudiando si también serviría para capturar sistemas espaciales a la deriva.

Tras décadas de lanzamientos, un halo de basura espacial empieza a rodear a la Tierra: se han registrado más de 17.000 objetos más grandes que una taza de café, que podrían impactar con satélites operativos con consecuencias catastróficas. Incluso una tuerca de 1 centímetro podría chocar con un valioso satélite con una fuerza equivalente a la explosión de una granada de mano.

La única forma de controlar los fragmentos de basura espacial en las órbitas bajas más importantes – como las que permiten a los satélites de observación fotografiar siempre a la misma hora local un determinado lugar del planeta – es retirar los objetos más grandes, como los satélites abandonados o las etapas superiores de los lanzadores.

Estos objetos incontrolados de varias toneladas son bombas de relojería: tarde o temprano acabarán involucrados en una colisión, si los restos de combustible en sus depósitos o si sus baterías parcialmente cargadas y calentadas por el Sol no hacen que exploten antes.

En cualquier caso, las nubes de fragmentos resultantes harían que las operaciones en órbita baja fuesen más peligrosas y mucho más costosas, y podrían desencadenar nuevas colisiones.

Concepto artístico del lanzamiento de un arpón en el espacio. Image Credit: Airbus Defence and Space

El Universo está transmitiendo 10.000 señales de radio no identificadas


A principios de este año escribí acerca de las explosiones de radio de Parkes/Arecibo, las señales de radio, probablemente muy antiguas que datan de principios del universo, que se originó fuera de la Vía Láctea, pero no se puede identificar. Ahora los astrónomos de la Universidad McGill han publicado un estudio de seguimiento sobre las explosiones, y dependiendo de cómo se mire, hoy conocemos, ya sea un poco más sobre ellos, ni mucho menos.



Para empezar, estos fueron descubiertos en un pequeño trozo de cielo. Los astrónomos estiman que al menos tuvimos la suerte de saber para dónde teníamos apuntando nuestros radiotelescopios, hay cerca de 10.000 de estos estallidos de radio que se envían a cabo en un momento dado. Esto supone que son un fenómeno natural, por supuesto, pero probablemente son, dada su edad; estamos hablando de las señales que se envían desde varios lugares hace 9 millones de años, a menos de 5 millones de años después que se formó el universo. Las probabilidades de que los seres inteligentes podrían haber enviado estas señales de que un sistema solar, planeta habitable, la vida, la inteligencia y la tecnología de radio de todo se produjo en esos mismos primero cinco mil millones años, son escasas. Mayor que cero, pero delgado.

Así que suponiendo que representan los fenómenos naturales, ¿qué tipo de fenómenos naturales son? Algunas teorías hábiles a partir del estudio de McGill:

Son sólo los púlsares realmente brillantes. No es probable, pero teniendo en cuenta que los datos de Arecibo se recogió durante un estudio de los pulsares, esta es la explicación obvia que debe ser descartado.

Se están muriendo los agujeros negros. Esto es muy amable de una posibilidad emocionante, ya que no se sabe muy bien lo que el ciclo de vida de un agujero negro es. Los astrónomos han aceptado ampliamente una (aunque no probado) teoría acerca de cómo se forman probablemente, pero no se sabe muy bien si es que envejecen y mueren, y mucho menos cómo. (Y si Lee Smolin es correcto, cada agujero negro al morir es técnicamente un universo en explosión.)

Son las estrellas de neutrones que tienen relaciones sexuales en voz alta, en esencia: una fusión estrella de neutrones tan brillante que podemos ver que 9000 millones años de distancia.

Son los magnetares, una subcategoría teórico de las estrellas de neutrones que ya han sido acusados ​​de emitir rayos gamma. Dado que nadie sabe lo que son o cómo funcionan, los magnetares pueden ser culpados por una amplia gama de fenómenos inexplicables. ("¿Quién se tiró un pedo?" "No era yo, era un magnetar!")

Me gustaría poder decir que "sabremos más pronto", pero la tecnología para relacionar estos fenómenos con las observaciones no radioeléctricos en realidad no existe todavía, así que probablemente no va a saber mucho más pronto. Este es un misterio que podría quedarse un tiempo.

Noticia original: The Universe is Broadcasting 10,000 Unidentified Radio Signals
Este articulo fue traducido por Orlando Ascanio

sábado, 12 de julio de 2014

Skywatcher levanta nubes de la Vía Láctea en Amazing Photo

El astrofotógrafo Miguel Claro nos envió esta foto de un skywatcher en silueta, lo que parece sostener el cielo nocturno en las Azores, Portugal. La constelación de Sagitario se ilumina por la izquierda, con Scorpius a la derecha. 
Crédito: Miguel Claro

Quasars: Los objetos más brillantes del Universo

Referencia: 
Quasars: Los objetos más brillantes del Universo 
por Nola Taylor Redd, SPACE.com Contribuyente | 23 de agosto 2012 18:13 ET 

Brillan tan brillante que eclipsan las antiguas galaxias que los contienen, los quásares son objetos distantes alimentados por agujeros negros mil millones de veces más masivo que nuestro sol. Estos dínamos poderosos tienen fascinado a los astrónomos desde su descubrimiento hace medio siglo. 

En la década de 1930, Karl Jansky, un físico con los Laboratorios Bell, descubrió que la interferencia estática en líneas telefónicas transatlánticas venía de la Vía Láctea. Por la década de 1950, los astrónomos estaban usando radiotelescopios para sondear los cielos, y el emparejamiento de sus señales con exámenes visibles de los cielos. 


Esta concepción artística ilustra un quasar, o alimentar el agujero negro, similar a APM 08279 +5255, donde los astrónomos descubrieron grandes cantidades de vapor de agua. Gas y polvo probablemente forman un toro alrededor del agujero negro central, con nubes de gas cargado encima y por debajo. 
Crédito: NASA / ESA 

viernes, 11 de julio de 2014

Hubble Spots Spiral, Puente de estrellas jóvenes que une dos galaxias antiguas

Hubble Spots Spiral

Telescopio Espacial Hubble de la NASA fotografió una estructura 100.000 años luz de largo que se ve como un collar de perlas trenzado en un sacacorchos, vientos se forman alrededor de los núcleos de las dos galaxias masivas. Las "perlas" son supercúmulos de llamas, azules y blancas, las estrellas recién nacidas.
Crédito de la imagen: NASA / ESA

Nuevas observaciones revelan cómo se forma el polvo interestelar alrededor de una supernova

La revista Nature publica hoy las conclusiones de un grupo de astrónomos que logró seguir en tiempo real la formación de polvo interestelar después de la explosión de la supernova SN2010jl.  Gracias al empleo del Very Large Telescope (VLT) de ESO, han demostrado  que estas fábricas de polvo cósmico generan sus partículas en un proceso que comprende dos etapas, la que se inicia poco después de la explosión y la que continúa mucho tiempo después.

Skylab, la primera estación espacial permanente


Lanzada el 14 de mayo de 1973, la Skylab fue el primer laboratorio espacial permanente puesto en la órbita terrestre. Fue trasportada al espacio mediante un cohete Saturno V –del mismo tipo de los utilizados en las misiones Apolo– y estaba diseñada para alojar a tres hombres al mismo tiempo por un periodo de hasta 90 días.

Su función principal era servir como observatorio solar, además de comprobar los efectos sobre la salud humana de una estancia prolongada en condiciones de microgravedad. Esta pionera estación espacial llegó a alojar a tres tripulaciones y se cerró el 8 de febrero de 1974, cuando sus últimos habitantes regresaron a la Tierra después de 84 días en la instalación.

Permaneció en órbita hasta el 11 julio de 1979, cuando su órbita se desestabilizó debido a una tormenta solar, rompiéndose en pedazos. Cayó en el océano Índico, cerca de Australia. 

Licencia : Creative Commons

Medusas en el cielo eran de un cohete penacho de altos vuelos


(Imagen: Roskosmos)

¿En las profundidades del mar o en el cielo? Un cohete ruso Soyuz produjo esta extraña estela similar a las medusas, ya que subió a través del aire fino del espacio cercano.

Poco después de su lanzamiento en la mañana del martes 08 de julio, tiempo despejado en la base espacial rusa de Baikonur, Kazajstán, el fotógrafo Anatoly Zak capturo el patrón notable en su cámara.

Según Jonathan McDowell del Centro Harvard-Smithsoniano para Astrofísica en Cambridge, Massachusetts, esto es sólo una de las muchas formaciones espectaculares de este tipo de cohete puede hacer en lo alto de la atmósfera. La cruz en la parte superior de la formación fue realizada por cuatro propulsores de la Soyuz.

"Parece muy interesante porque no estamos acostumbrados a ver la dinámica de gases en un casi vacío. A esa altitud no hay realmente ningún tiempo para interferir con los gases, por lo que los gases forman formaciones muy regulares y llenar un montón de espacio", dice McDowell.

Extrañas formaciones de este tipo han sido la captura de los ojos de ovnis-spotters desde la guerra fría, cuando la Unión Soviética comenzó a lanzar satélites espías en los mismos tipos de cohetes desde sus plataformas de lanzamiento una vez-secretas.

Principal carga útil del cohete era el 2.7 toneladas satélite ruso Meteor-M2, la segunda de su tipo en marcha para ver el clima global, la capa de ozono, la radiación en la órbita, la temperatura de la superficie del océano y las condiciones del hielo en la Tierra.

Este articulo fue traducido por Orlando Ascanio